jueves, 24 de marzo de 2011

If I would only remember

If I would only remember what I was thinking about yesterday while trying to get asleep…. If I could only reproduce here the torrent of words that came to my mind, forming an insane story about spirits, merits, adventures and discredits gained by different characters in their crazy attempt to deserve a place in history.

Those were good times when it was easy to come up with a new idea, when pretty much everything was yet to discover for humankind and brilliant minds appeared every now and then under the shape of scientists, journalists, or any other sort of advance professionals.

How have we come to this point in time? How have we left our own experiences and desires be the grave for our future? How can we be so blind?

If I could only remember how it was when, as I child, I was planning what to do in the year 2000, I would perhaps refurbish my plans, recreate my life and let ideas spring freshly again…

Now everything seams to be over, even If I know the whole thing has just started. Now, having a little jewel I will never be able to really deserve, it comes to me so easily the forgotten set of self conceived limitations that affected me back in the past, and all I would like to achieve in life as of today is letting her be free of them, or any other similar…

I guess everyone who is a parent feels the same way, but nevertheless it keeps on being a concern for me as if there was no other girl in the world but her.

Now here is the train, and the landscape… and this feeling of being tired that prevents me from smiling…. I wish I was not here even if in the past I enjoyed traveling a lot… not any more because of the frequency, and most of all because of the certainty that what I leave behind every time I am away is precious… is a perfect slice of time and experience I will never have the chance to live again, even If I can live other similar ones… never again.

Sucede

jueves, 23 de septiembre de 2010

Ni un alma sola

Imagina que vas por un parque y conoces a una madre. Una normal, pero más guapa... más joven y más triste. Imagina que te pones a jugar con su chaval aprovechando que él mismo te la da oportunidad con una mirada piílla. Tras un rato cruzas una mirada con la madre... y ya habéis saltado la barrera.

¿Cuántas historias podrían haber comenzado así?... Supongo que hubiese sido posible que yo fuera un depravado, o un recalcitrante en busca de cobijo y compasión. Ella podría haber sido una asesina en serie o una madre soltera desesperada por compartir la pesada carga que un mal novio la dejó en su momento.

Todas esas hubiesen sido, estoy seguro, estupendas historias… pero no, la mía no fue así.

Una mañana Ella llegó acompañada por un hombre que la cogía de la mano. Vi en sus ojos (los de él) felicidad y en los suyos (los de ella) algo que me devolvió a mi infancia. Algo como la inseguridad que siente un niño cuando por primera vez acude a casa con un suspenso en el boletín de notas. Ese algo me preocupó y decidí seguirles.

Tras abandonar el parque por la avenida del Norte, giraron a la derecha (como yendo hacia mi casa precisamente). Recorrieron la calle de la mano y conmigo detrás hasta la tercera esquina. Ahí se despidieron con un apretón de manos y cada cual fue por su lado. Yo la seguí desde lejos, pero simplemente llegó hasta un portal y desapareció.

Al día siguiente volví a encontrarlos, y le seguí a El cuándo se despidieron en la esquina de mi calle. Anduvimos durante tres manzanas más hasta que se detuvo ante un local en el que entró. Espere mirando desde lejos sin poder ver el cartel del local durante más de vente minutos, hasta que abandone la esperanza de verlo salir de nuevo y me atreví a acercarme.

Casi me sentía como un espía mientras franqueaba los treinta metros que me separaban de aquella tienda y durante un momento me arrepentí me inmiscuirme así en la vida de la gente… pero eso trajo a mi memoria de nuevo la mirada de nerviosismo, y seguí caminando hasta ver que le local tenía un cartel en la puerta que rezaba “Ni un alma Sola, S.L”

jueves, 1 de julio de 2010

El Buscador...

Este no es mío sino de Jorge Bucay, pero me pegué el gustazo de contarlo en el pasado Maratón de cuentos de Guadalajara, y aquí está el resultado (sólo audio...). Debajo tenéis el texto original.


Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por ocmpleto una especie de valla pequeña de madera lustrada.

... Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?.

El anciano se sonrió y dijo:

- Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgado al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí,, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:
a la izquierda, qué fue lo disfrutado...
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? ...

Y después ... la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? ...

¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo ... ?

¿Y el casamiento de los amigos ... ?

¿Y el viaje más deseado ... ?

¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano ... ?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?.... ¿horas?, ¿días? ...

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos.... cada momento.

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de los disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

lunes, 9 de febrero de 2009

Aquella noche

Aquella noche, al llegar a su casa la encontró distinta. Igual que por la mañana pero a la vez, de algún modo, totalmente ajena.

Sabía que un silencio amoroso hubiera sido el mejor compás para un diálogo que sólo podía tener consigo misma y sin embargo cada tarde, al salir de la oficina y tomar el camino a casa imaginaba su mirada y su abrazo que sin conocer echaba en falta.

¿Cuándo se dio cuenta de que la había perdido? Quizá fue el día en que comprendió que jamás podría ayudarla.

domingo, 8 de febrero de 2009

Un tornillo (Encontrado por Izvor... gracias!!!)

Como jugando con esto y aquello, en uno de esos momentos de aburrimiento sumo que seguramente todo el mundo tiene a veces, comencé a jugar con un tornillo que sin saber cómo cayó en mis manos. ¿Alguna vez os habéis fijado en un tornillo?. Yo comencé a girar el mío y observé la evolución de la rosca. Empieza, va girando en una dirección fija, siempre avanzando en el mismo sentido, penetrando el sustrato y cumpliendo una misión vital, poco a poco pero sin pausa hasta que entra del todo... o hasta que llega a una imperfección de la rosca, una pequeña muesca que dificulta la entrada, y que normalmente se salva presionando un poco más fuerte con el destornillador... aunque a veces habréis roto un tornillo de tanto apretar, deformando la cabeza y dejándolo atascado para siempre, ¿verdad?... Hay muescas demasiado grandes, que impiden definitivamente que el tornillo se aloje en el lugar para el que fue elegido, y hacen que parezca que todo el camino andado hasta ese momento no sirve en realidad para nada.

Estaba pensando en eso, pensé en las imperfecciones de mi vida... en las que he pasado, superado o esquivado... en las que sé que vendrán y, ¿cómo no?, en la gran imperfección que me parará para siempre como si fuera un tornillo.

Sé que esa imperfección es tan impredecible como inevitable, y qué mi rosca no durará, seguramente, todo lo que cabía esperar al principio, pero me encantaría saber cuándo llegará, me encantaría llegar al final de mi rosca sabiendo que hice lo que vine a hacer aquí.

¿Habéis jugado alguna vez con un tornillo?

sábado, 31 de enero de 2009

El ángel caído

Laura dejó sonar el teléfono cuatro veces antes de contestar. “¿Si?”. Hasta ella se dio cuenta de que la voz le salía más de la almohada que de la garganta, pero al fin y al cabo, ¿quién puede llamar a las cuatro de la madrugada y esperar ser atendido con entusiasmo?

Al otro lado del auricular escuchó la voz a la que se había acostumbrado tanto durante mil noches de trabajo febril en busca de un sueño. “No te lo imaginas... ¡lo han aprobado! Nos vemos en le laboratorio en 25 minutos”. Eso fue todo, más que suficiente para que en ese mismo instante el cerebro de Laura volviese a estar en su sitio, y con él regresara también la energía a su cuerpo. Pegó un salto en la cama, corrió a la ducha y en 15 minutos estaba en el laboratorio, presta a recibir la noticia tanto tiempo esperada.

Ricardo tardó en aparecer... ahí delante tenía la caja fuerte en la que se guardaba el trabajo de cinco años y la espera de 6 meses hasta recibir el documento que les autorizaba a experimentar con seres humanos... solo pensar en las posibilidades hizo que empezase a sudar. De repente se decidió a probarlo sola, en aquel mismo momento. Se acercó a al caja e introdujo la llave en la cerradura. Un golpe seco a su espalda la sacó del trance. “¿No puedes esperar un minuto más o qué? La voz de Ricardo entro por la puerta antes que él. Llevaba los documentos de autorización agarrados como un hijo enfermo, y cogió la mano de Laura, para realizar juntos el gesto de abrir la caja fuerte... la caja de los vientos, de la libertad....

Permanecieron más de dos minutos mirándose a los ojos sin decir una palabra hasta que alguno de ellos no pudo soportar la impaciencia. Abrieron el primer envase experimental, y cogieron dos tabletas como siguiendo un ritual sagrado. Estaban decididos a probar en si mismos el único sueño humano que la ciencia no había podido hacer realidad hasta ese momento. El sería el primero. Laura comenzó a tomar notas una vez el hubo tomado el preparado, y las reacciones comenzaban a ser evidentes. La presión dorsal fue tan fuerte que Ricardo cayó de rodillas, la espalda se hinchó a la altura de los omoplatos, y las primeras plumas y nerviaciones asomaron primero despacio, y luego con más fuerza hasta conformas un maravillo para de Alas.

Una vez consumada la metamorfosis, se levantó. Todo parecía ir bien, y sin embargo la presión arterial no bajaba a valores normales... El corazón simplemente no aguantó a las nuevas inquilinas. Laura pudo ver perfectamente la evolución en su expresión, de la felicidad con el primer batir, a la congestión repentina. Ricardo comenzó a gimotear y se derrumbó como un pelele... No funcionaron el masaje cardíaco ni la adrenalina, justo en el momento en que Laura empezaba a sentir también los primero síntomas... Lo vio morir, y tuvo el tiempo justo saber lo que siente un ángel caído cuyas alas son un invento propio, cuando le pesan demasiado para seguir viviendo con ellas.